Sostenibilidad y la mano invisible del mercado

José Solano

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Actualmente, la sostenibilidad trasciende las barreras de lo socio ambiental hacia lo económico y viceversa, integrando múltiples disciplinas y puntos de vista, con el objetivo común de lograr una mejora de la calidad de vida para todos sin discriminación.

Las disciplinas asociadas con las ciencias sociales, económicas y financieras no son la excepción; de ahí que el presente artículo consiste en una reflexión y lectura crítica de artículos seleccionados sobre el tema de la mano invisible del mercado, y sus referencias a obras clásicas como las de Adam Smith, y sus interpretaciones y aplicaciones a la teoría del desarrollo económico y político, como las de Amartya Sen y Kaushic Basu.

En la publicación de Gache y Otero (2010), que llamaron “Adam Smith: La Mano Invisible o La Confianza”, se centró su análisis en el planteamiento de Adam Smith sobre la mano invisible del mercado, tomando como base el trabajo de Leopoldo Abadía (2009), sobre la crisis económica de los años 2007-2008, y plantearon la hipótesis de que la llamada mano invisible realmente es el nivel de confianza de cada persona involucrada en las transacciones del mercado.

Se puede interpretar que la mano invisible es un mecanismo, percibido o no, de equilibrar el funcionamiento del mercado y que generalmente se asocia al Estado, al gremio bancario e incluso a individuos con mucho poder, como los ejecutores “tras bambalinas”. Ahora bien, el Estado es también el garante de una aplicación de la ley y la justicia de forma imparcial y ética, y cuando esto falla, definitivamente el grado de confianza de la población disminuye o desaparece; de ahí que también esta falta de confianza afecte el mercado financiero y, por ende, forman parte de la aplicación de este mecanismo “invisible”.

Asimismo, Gache y Otero (2010) resaltan los valores culturales y éticos como de suma importancia para su análisis; sin duda, en opinión del autor de este artículo, los aspectos morales y éticos, basados en sistemas culturales colectivos y sistemas de creencias a nivel personal, son supra-dimensiones que direccionan la toma de decisiones en lo político-institucional, lo social y lo económico. También hacen referencia a la confianza como una variable no lineal, en cuanto a que puede tener múltiples causas, y ahí es donde un enfoque sistémico es ideal para analizar sistemas complejos como lo son las relaciones humanas, la racionalidad y el mundo de la economía.

Por su parte, Montes (2013), en su artículo “La impotencia de la mano invisible”, hace referencia a la “mano invisible” de Adam Smith en su obra “La Riqueza de las Naciones”, e indica que la clave está en las consecuencias no intencionadas que logra el individuo que actúa por interés propio. Estas consecuencias pueden ser beneficiosas para la sociedad, pero también hay muchas excepciones. Basado en resultados de un experimento sencillo, el mencionado autor concluye que la reacción ante las consecuencias no intencionadas de la mano invisible, dependen de la intencionalidad y no del resultado, esto es, que no se valoran las externalidades positivas de esta mano invisible.

Esto resulta ser muy interesante y de nuevo conlleva a analizarlo respecto a principios éticos aplicables, como por ejemplo el de precaución (evitar hacer daño). De hecho, la empatía, la solidaridad, son principios que también deben prevalecer y hacer coherente a las “buenas intenciones” y que toda libertad conlleva una responsabilidad. Estos principios son fundamentales para la sostenibilidad, y junto con la ética, se encuentran contemplados en instrumentos globales como la Carta de La Tierra y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas.

Finalmente, Novelo (2015), en su publicación “Más allá de la mano invisible. Fundamentos para una nueva economía política”, da su punto de vista respecto a la mano invisible, analizando el texto de K. Basu (2003), primer economista y vicepresidente del Banco Mundial. Este autor explica que, si bien la mano invisible aplica a economías competitivas, no es simplemente el egoísmo individualista que promueve el bienestar colectivo, sino que, viéndolo del lado positivo, los intereses racionales de estos individuos, bajo ciertas condiciones, lograrían un Pareto óptimo como equilibrio (aunque afirma que hay individuos con un nivel de poder que pueden alterar este equilibrio).

Además, menciona que Basu (2003) explica que todo sistema económico está basado en normas y creencias sociales, y para que ocurra un desarrollo, se necesita justicia y confianza, coincidiendo con lo expuesto por Gache y Otero (2010).

Asimismo, el mencionado autor indica que, al incorporar a la economía a lo social y político, desligándose de lo individualista, plantea un nuevo enfoque que denomina economía política para luchar contra la desigualdad y la pobreza, aspectos fundamentales de la dimensión social de la sostenibilidad. En opinión del autor del presente artículo, habría que examinar los valores éticos y, coincidiendo con Montes (2013), las intenciones de los formuladores de nuevas políticas para asegurar realmente un desarrollo económico sostenible.

Por todo lo anteriormente expuesto, se concluye que esta mano invisible realmente no lo es, ya que está asociada, de manera consciente o inconsciente, a la intencionalidad de un grupo de actores del mercado, y tiene consecuencias, previstas o no, directas e indirectas, positivas o negativas, y que puede ser o no percibida por el resto de los actores.

Se hace interesante el análisis de la crisis financiera de 2008, porque a pesar de que las personas accedieron a las hipotecas ofrecidas para “aumentar” su calidad de vida sin conocer el nivel real de riesgo, las entidades bancarias violaron normas internacionales de encaje legal, entre otras cosas, generando una crisis devastadora de confianza de los inversionistas e instituciones reguladoras.

Ahora bien, de una forma muy simplificada, la economía se comporta en forma de ciclos, de expansión y de recesión. En el caso de la expansión, la única forma de lograr un aumento de productividad acelerado es generando crédito (apalancamiento). Pero el crédito, genera aumento del gasto y de las deudas, que en algún momento llega a un límite, y esa “mano invisible” hace que los créditos se reduzcan, así como los gastos, los ingresos y el valor de los activos, ocurriendo un des apalancamiento.

En ese caso, las tasas de interés no se pueden reducir más, por lo que hay que pasar a acciones más efectivas, aunque menos populares, como el recorte de gastos, renegociación o reestructuración de deudas, redistribución de la riqueza (más impuestos para los “ricos”) e impresión de dinero nuevo por parte de los bancos centrales.

Esta mezcla compleja de factores, que sin duda generan malestar y crisis social, aumenta la presión interna, y se entra en una depresión económica, que se puede asociar perfectamente a una profunda crisis de confianza. Es opinión del autor de este artículo, que la única forma de salir de esta crisis de confianza es mediante transparencia, solidaridad y valores éticos, para que la actuación de un individuo, empresa o Estado, que está buscando su interés propio dentro del mercado, promueva una mejora de la situación también a nivel colectivo, es decir, una mano invisible que actúe por el bien común.

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