Semana: 26/10/2004 | 01/11/2004

 

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27 de Octubre de 2004 Ronald Evans Márquez // Un impuesto ineficiente

ACTUALMENTE está en el tapete la discusión sobre el perfil que debe tener nuestro sistema tributario. La Constitución de 1999 establece que el sistema tributario debe estar basado en un sistema eficiente de recaudación. Además, debe ser progresivo y equitativo. Esto significa que deben privilegiarse los impuestos que sean productivos, es decir, cuyos costos de administración no excedan de lo que producen.

Uno de los casos evidentes de ineficiencia y bajo rendimiento es el impuesto a las sucesiones y donaciones. Desde su implantación en los años 50, este impuesto se ha caracterizado por un muy bajo rendimiento. No obstante, para su administración requiere de un personal técnico y de importantes recursos. Esto ha llevado a que muchos países no lo hayan implementado y otros lo cuestionen e, incluso, lo deroguen (como en el caso de USA). En España se ha señalado que su bajo rendimiento hace descartar la supuesta función "redistribuidora" del impuesto, pues se ha dicho que el impuesto tiene como uno de sus fundamentos el "corregir" el hecho injusto de que una persona acceda a una riqueza sin haber hecho ningún esfuerzo para obtenerla.

Esta teoría se complementa con la de la capacidad de pago, para concluir que, en rigor, este impuesto no lo paga nadie: obviamente no lo paga el muerto, ni tampoco lo pagan los herederos del patrimonio obtenido con su propio esfuerzo. Se critica en este impuesto el abuso en el uso de presunciones y ficciones, la indeterminación de conceptos como "el valor real", lo que genera inseguridad jurídica, y la complicación de su determinación, entre otros factores. Es por ello que sugerimos la eliminación de este tributo de nuestro sistema fiscal.

Socio Local de Baker & McKenzie.
Presidente del Comité de Impuestos de VenAmCham


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