Semana: 31/01/2006 | 06/02/2006

 

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¿Hay ética en los negocios?

La pregunta es pertinente, dados los constantes ataques desde esferas gubernamentales al “capitalismo salvaje” y “neoliberalismo”, los cuales fueron coreados en el recién concluido Foro Social Mundial celebrado en Caracas.

El cuestionamiento cobra especial actualidad, además, por el reciente comienzo del juicio en Estados Unidos contra directivos de Enron, empresa gigante en el campo de la explotación energética que a finales de 2001 se desplomó financieramente en medio de acusaciones de prácticas contables fraudulentas. Desplome que significó la desaparición de miles de puestos de trabajo, de los ahorros y fondos de jubilación de empleados activos y retirados, así como de las inversiones de muchos pequeños accionistas. Y no se trata de un caso aislado, pues en el transcurso de años recientes son varias las destacadas corporaciones norteamericanas— como son WorldCom y Tyco, entre otras—cuyos directivos igualmente se han encontrado en el banquillo de los acusados. Cabe apuntar, a la vez, que los escándalos corporativos también se han dado en Europa —recordemos el notorio descalabro de la multinacional italiana Parmalat— y en Asia, donde la japonesa Mitsubishi reconoció que durante años ocultó defectos en sus automóviles.

¡Qué duda cabe de que los juicios y penas impuestas en el mundo de los negocios obligan a las compañías más importantes a ser más cuidadosas ante sus diversos públicos, al menos en cuanto al cumplimiento de la ley! Pero muchos analistas del ámbito social están acordes en que ahora hay un factor de mayor peso en esta situación: una ciudadanía militante, apoyada por la actitud escrutadora de los medios de comunicación, cada vez más pendiente de la conducta de las grandes corporaciones.

Para ese público más exigente la responsabilidad social empresarial no puede limitarse, como en sus manifestaciones iniciales, a la filantropía o, en el caso de una industria contaminante, a la conservación ambiental, sino que debe abarcar todos los aspectos de su actividad: la calidad de sus productos y servicios, los precios, la atención a necesidades y reclamos de los clientes, el trato justo a su personal, proveedores y distribuidores, conjuntamente por supuesto con el estricto cumplimiento de la ley.

En fin, debe basar su conducta en la ética.

Según el renombrado sociólogo y autor francés Gilles Lipovetsky, en el entorno de los negocios se ha ido arraigando la convicción de que la ética da dividendos. “Tradicionalmente —afirma— teníamos el hábito de separar la ética y las empresas, como si los negocios sólo fueran cuestión de eficacia.

Hoy día, en el corazón mismo del mundo de los negocios, hay conciencia de que es necesario evitar el cinismo; de que hacen falta reglas y valores”.

En el reciente encuentro titulado: Empresa: ética y responsabilidad social, patrocinado por la Cámara Venezolana Americana de Comercio e Industria (Venamcham) en Caracas, el filósofo y escritor español Fernando Savater coincidió con esta impresión en una conferencia centrada en que “una buena ética es un buen negocio”. Por su parte, el padre Luis Ugalde, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, sostuvo en el mismo evento que “una sociedad sin ética no tiene sentido de conservación.

Sin el bien de los demás, el individuo no puede estar bien y eso también se aplica a las empresas”.

Sería ingenuo negar que los negocios tienen como basamento el afán de lucro pero no por ello podemos descalificar las evidentes bondades de ese mundo, como son el suministro regular de bienes y servicios; su influencia en el surgimiento de actividades industriales y comerciales conexas; la creación de empleos directos e indirectos; su contribución al bienestar general mediante una acción gubernamental sostenida por sus aportes al Fisco; su interrelación con centros de formación técnica y profesional, cuyos beneficios alcanzan a la comunidad en general.

No obstante, es evidente que, ante una población empeñada en sus exigencias, acompañada por la mirada rigurosa de los medios de comunicación, la supervivencia de ese mundo dependerá cada vez más de un comportamiento transparente fundado en la ética.

 

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03/02/2006 Regular lo social

En los últimos años, el gobierno venezolano ha comenzado a regular, mediante legislaciones aprobadas por la Asamblea Nacional, la cantidad de recursos que las empresas deben destinar a actividades que pueden incluirse en el ámbito de la responsabilidad social.

Algunos empresarios rechazan esta tendencia gubernamental a controlar la gestión de las compañías, pero la regulación también tiene sus ventajas.

La socióloga Mireya Vargas, especialista en el tema de responsabilidad social, cree que es importante recordarle a las empresas que deben ser responsables. “En otros países también existe este tipo de regulaciones”, aseguró en el foro Responsabilidad Social Empresarial de Transnacionales en Venezuela, organizado por la Cámara VenezolanoAmericana de Comercio e Industria (Venamcham).


Vargas explicó que la aparición de disposiciones obligatorias obedece al hecho de que las sociedades están demandando una mayor contribución al desarrollo por parte de las compañías que operan en ellas. Agregó que las regulaciones, como tales, son positivas porque establecen los problemas prioritarios que deben ser atendidos y sirven de orientación al sector empresarial.

En Venezuela, por ejemplo, se aprobó recientemente una ley que establece que toda empresa debe dedicar un 1% de sus ganancias para financiar programas orientados a combatir el consumo de sustancias estupefacientes y psicotrópicas.

También está previsto que la responsabilidad social sea una de las condiciones que Pdvsa exigirá a las petroleras que participarán en las empresas mixtas.

Lo mismo sucede con la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación; que establece que las grandes empresas (todas aquellas que tengan ingresos brutos anuales superiores a 100.000 unidades tributarias) deben invertir al menos 0,5% de su utilidad antes de impuesto en formación de talento humano y actividades de investigación, en áreas relacionadas con su actividad.

DIÁLOGO Y MOTIVACIÓN
Vargas aseguró que los empresarios no deben sentirse amenazados por las regulaciones que, en materia de responsabilidad social, ha venido implementando el gobierno nacional. La socióloga recordó que muchas empresas venezolanas invierten –en sus proyectos sociales– porcentajes que superan de forma amplia los que se han establecido en las nuevas leyes.

Advirtió, sin embargo, que las regulaciones deben ser elaboradas tomando en cuenta la opinión de todos los actores que estarán involucrados en su ejecución.

“La definición de porcentajes y prioridades debe ser compartida, de manera que lo aprobado tenga que ver con la realidad de la empresa y la realidad del país. En este sentido, es necesario un diálogo entre gobierno, empresas y comunidades”.

Juan Carlos Ahmad, director de Relaciones Externas de Procter & Gamble, indicó que estimular a las empresas para que implementen proyectos de responsabilidad social puede ser una herramienta más efectiva que el establecimiento de porcentajes obligatorios para invertir en este tipo de actividades.

“La imposición puede hacer que se logren cosas, pero la motivación es mejor”.

Ahmad señaló que, independientemente de la forma en que sea fomentada, lo importante es que la responsabilidad social esté intrínseca en la razón de ser de la empresa. “La responsabilidad de una compañía con la comunidad

Especialistas en responsabilidad social aseguran que el gobierno puede establecer regulaciones en esta materia, pero advierten que debe hacerlo tomando en cuenta la realidad de las empresas donde opera empieza por los productos que oferta en el mercado.

También con la relación que tenga con sus propios trabajadores”.

El ejecutivo indicó, además, que la responsabilidad social, además de ser una cualidad cada vez más buscada por los inversionistas, constituye un seguro de vida para las empresas privadas. “Si las comunidades en que operamos no crecen ni se desarrollan, entonces no tiene sentido que produzcamos bienes o servicios (...) No podemos vivir aislados, todos estamos interconectados”, dijo.

Tanto Vargas como Ahmad destacaron la evolución que ha vivido el concepto de responsabilidad social en las últimas décadas: hasta los años 80 prevalecía la visión filantrópica, en los 90 comenzó a ganar fuerza el tema ambiental y ahora las empresas socialmente responsables son aquellas que contribuyen al desarrollo sustentable de la comunidad donde operan.

Vargas explicó que el concepto actual de responsabilidad social empresarial incluye, entre otras cosas, las políticas y prácticas vinculadas a la relación con actores sociales clave (accionistas, trabajadores, proveedores, consumidores, autoridades), el cumplimiento de los requerimientos legales y respeto hacia la comunidad y ambiente donde opera.

La combinación de estos elementos desemboca en algo que toda empresa socialmente responsable debe producir en la actualidad: el triple saldo. Dentro de este concepto se toman en cuenta –explicó Vargas– los resultados que obtiene la compañía en materia ambiental, económica y social, que son los tres componentes del desarrollo sustentable

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