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Los comentarios emitidos en este reporte no necesariamente forman parte de la posición institucional de VenAmCham
La integración de nuestro país al bloque comercial finalmente logró consolidarse con la firma del Protocolo de Adhesión durante la Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado de los países miembros de MERCOSUR, recién celebrada durante esta semana en Caracas. Viene acompañada de un entusiasta sentido de cooperación y complementariedad regional que no logra despejar las dudas acerca del manejo de las asimetrías de escala en la producción de Venezuela frente a los países del mencionado bloque comercial.
En efecto, los empresarios muestran su preocupación por los cambios implícitos de la transición del esquema complementario existente en las relaciones comerciales con la Comunidad Andina de Naciones, al esquema competitivo que inevitablemente se hace presente al insertarnos en el Mercado Común del Sur. Como evidencia de lo señalado anteriormente se puede hacer mención de la situación de la industria manufacturera venezolana, beneficiada por el grado de diversificación del comercio con la CAN, especialmente con Colombia.
Esta característica no está presente en las relaciones comerciales de Venezuela con otros países, donde generalmente predomina la concentración de exportaciones de minerales y combustibles. El flujo comercial colombo-venezolano, está conformado en su mayoría por manufacturas intensivas en capital, que en el caso de Venezuela corresponden a bienes que se utilizan como materias primas en otras industrias, y están relacionados con la industria petroquímica y la manufactura de metales, destinadas al consumo intermedio; mientras que en el caso de Colombia, la mayoría de las exportaciones corresponden a manufacturas intensivas en trabajo no calificado como textiles y confecciones, así como las intensivas en capital tales como plásticos, productos de papelería y otros derivados de la industria petroquímica. Las exportaciones de Colombia hacia Venezuela, están destinadas hacia productos de consumo final y consumo intermedio. Para ambos países los productos alimenticios y el sector automotor también revisten importancia en el intercambio comercial.
A diferencia de esta matriz complementaria, MERCOSUR exige una reestructuración en nuestra composición interna del sector industrial. Nos dirigimos al ingreso en un mercado que según cifras de la CAN para el año 2005, representa el 62,6% de habitantes de América del Sur, y que registró una tasa de crecimiento del PIB a valores constantes de 3,6% en el año 2005 versus 5,8% del año 2004. La balanza comercial del MERCOSUR ha reportado sucesivos déficits desde el año 1995 hasta el año 2000; sin embargo, esta tendencia se revierte a partir del año 2001 hasta el presente, con superávits producto de la reducción de sus importaciones desde el año 2001 hasta el año 2003, y el incremento sostenido de sus exportaciones desde el año 2001 hasta el año 2005. El superávit obtenido el pasado año se situó en US $ 54.068,00 millones.
Con este panorama, y aún considerando el crecimiento que se espera que inyecte la incorporación de Venezuela al bloque (derivado de una alta tasa de crecimiento de su PIB, generada por los altos ingresos petroleros), en los sectores agrícola y manufacturero nacionales repercutirán las consecuencias del incremento de importaciones, que entrarán al país con beneficios arancelarios, provenientes de mercados que cuentan con mayor tamaño, y por ende, mayores escalas de producción. La preocupación trasciende al sector automotor y petroquímico, ambos ampliamente beneficiados por los convenios adoptados en la CAN.
Consecuencias coyunturales podrían generar que la oferta venezolana estará basada en un corto plazo por un importante volumen de exportaciones de materias primas, que al contar con preferencias arancelarias, abaratarán los costos de producción de las industrias de estos mercados de mayor tamaño. De esta manera se incrementará en una proporción bastante significativa las exportaciones de bienes manufacturados, que se traducirán en importaciones al mercado venezolano, y que ayudarán a proveer la porción de demanda interna de bienes de consumo, que en nuestro país ha comprometido recientemente la capacidad instalada de las empresas, producto del fenómeno liquidez-repunte del consumo.
Este mismo efecto de sustitución de comercio era uno de los aspectos criticados con referencia al efecto negativo que sobre Venezuela ocasionaría la firma del Tratado de Libre Comercio Colombia-EEUU.
El verdadero reto para nuestra incorporación, tal como lo sugiere el título de este comentario, se hallará en el plano estructural. Es necesario adoptar una estrategia que permita desarrollar una eficiente capacidad de producción. Ante un mercado de mayor tamaño y con similitudes productivas, es imprescindible en el largo plazo, contar con la innovación como elemento fundamental, que desarrolle la capacidad tecnológica de la industria, y que suministre las herramientas para desarrollar modelos de eficiencia productiva. A este nivel es necesaria la cooperación coordinada entre Estado y empresa, para propiciar la investigación y el aprendizaje tecnológico, que orienten la creación de la plataforma adecuada en la cual la industria pueda beneficiarse de los acuerdos de integración regional.
Fuentes Consultadas: Secretaría General de la Comunidad Andina Documentos de trabajo.
Econ. Irana Rodríguez Subero
Dirección de Análisis e Información
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